La magia de la formación de palabras

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Cada término utilizado para referirnos, por ejemplo, a un objeto, una acción o una cualidad, probablemente haya sido inventado previamente. O, si nos ataca la creatividad y no sabemos o recordamos la palabra exacta a utilizar, puede que la inventemos en el momento. Es una necesidad la de nombrar la realidad que nos rodea. Imagina que estás con colegas en el periodo de descanso, pero se ha hecho la hora de volver a trabajar, y les dices: “Vamos a la oficina”. Tanto tus colegas como tú conocéis qué significa la palabra “oficina”, y el resto usadas. Veamos, a continuación, cómo se suelen formar las palabras que utilizamos.

Tipos de palabras según su formación

En español, en lo que se refiere a su formación, tenemos los siguientes tipos de palabras y sus características:

    • Las primitivas son las que no provienen de ninguna otra dentro del mismo idioma. Un ejemplo podría ser la palabra casa.

    • Las derivadas y las compuestas, sin embargo, son las palabras que provienen de, al menos, una primitiva; se forman con la raíz de dicha primitiva, más otras partes, o también juntado dos primitivas. Retomemos el ejemplo de la palabra casa; palabras derivadas serían caserío (la raíz es cas-, a la que se añade otra parte, -erío), casita (cas-ita), casera (cas-era) o casateniente (con dos raíces, casa-teniente). En el siguiente párrafo vamos a analizar la formación de este tipo de palabras.

Mecanismos de formación de palabras

Como se ha mencionado, de una palabra primitiva pueden crearse muchas derivadas, dependiendo de las partes que se le añadan; además, de varias primitivas pueden salir muchas compuestas. También hemos visto que en la primitiva hay una raíz, a la que también se le llama lexema; a ese lexema le añadimos otras partes, llamadas afijos, o también morfemas, para crear nuevas palabras. Algunos procesos por los que se forman las palabras son:

    • Derivación: a un lexema se le añaden morfemas. Lo veíamos en el ejemplo de la casa, y lo podemos ver en infinidad de palabras, como la primitiva “agua” y su multitud de derivadas: aguacero (lexema: agua-; morfema: -cero), aguada (agua-da), aguador (agua-dor); también, del nombre agua se forma el verbo aguar (agu-ar), que significa añadir agua a algo; y si le añades el prefijo que da el significado inverso, des-, obtienes desaguar (des-(agu-ar)), que significa quitar agua de algo; la raíz se pone incluso juguetona en la palabra acuosa, por ejemplo, que, separada en sus partes quedaría acu-osa, cambiando un poco el lexema respecto a las derivadas anteriores, o más bien no cambiando, pues la palabra agua proviene de la palabra latina aqua.

    • Composición: se unen dos lexemas; si continuamos estudiando palabras formadas a partir de la primitiva “agua”, encontramos varios ejemplos, como: aguamarina, aguafuerte, aguanieve.

Por tanto, resulta obvio que los mecanismos de formación de palabras permiten crear infinidad de ellas, con significados y matices diferentes, partiendo de una sola.

Hasta ahora hemos repasado cómo se forman palabras que llevan siglos en uso. En este artículo se habla de cómo formamos las palabras actualmente. Trata de un experimento en el que a un grupo de participantes se les mostró una serie de imágenes de objetos creados a partir de la pandemia de COVID-19. Se pidió a cada participante que les asignara un nombre a dichos objetos. A través de los mecanismos de formación de palabras y mucho ingenio, surgieron palabras como, por ejemplo, “abrepuertas” o “abridoor” para un invento como el que se muestra en el vídeo que os dejamos.

En conclusión, los procesos por los que se forman las palabras nos han ayudado y nos ayudarán en el futuro a seguir creando palabras nuevas, que probablemente provengan de otras, para seguir nombrando nuestra realidad con eficacia.

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